La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz;
Vivimos rodeados de estímulos, voces y demandas que compiten por nuestra atención. Miramos muchas cosas cada día, pero no todo lo que miramos ilumina nuestra vida. Jesús nos invita a examinar algo más profundo que la vista física: la dirección interior de nuestra mirada.