Hay palabras de Jesús que desenmascaran el corazón humano. Una de ellas aparece en Mateo 8:4, cuando, tras sanar a un leproso, el Señor le dice:
Mira, no lo digas a nadie; sino ve, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos. (Mateo 8:4)
Jesús acababa de realizar un milagro extraordinario… y aun así no buscó aplausos, ni reconocimiento, ni fama. No necesitaba que la gente lo celebrara. Su misión no era ser visto, sino obedecer al Padre.