El evangelio no descansa sobre lo que hacemos, sino sobre en quién creemos.
Con el paso del tiempo he entendido que el corazón del mensaje no es el esfuerzo humano, sino la gracia divina. Todo lo recibimos. Nada lo compramos. Nada lo merecemos.
No se conformen a este mundo; más bien, transfórmense por la renovación de su entendimiento. Romanos 12:2