En él todo el edificio, bien armado, se va levantando para llegar a ser un templo santo en el Señor. En él también ustedes son edificados juntamente para ser morada de Dios por su Espíritu. Efesios 2:21-22
No se conformen a este mundo; más bien, transfórmense por la renovación de su entendimiento. Romanos 12:2
En él todo el edificio, bien armado, se va levantando para llegar a ser un templo santo en el Señor. En él también ustedes son edificados juntamente para ser morada de Dios por su Espíritu. Efesios 2:21-22
El entendimiento espiritual es un tema crucial en la vida cristiana, como se destaca en las Escrituras. A menudo, nos encontramos actuando sin un entendimiento completo de la voluntad de Dios, dejándonos llevar por nuestras emociones en lugar de la guía del Espíritu Santo. Esta falta de entendimiento espiritual puede llevarnos por caminos equivocados y obstaculizar nuestro crecimiento en la fe.
El evangelio no descansa sobre lo que hacemos, sino sobre en quién creemos.
Con el paso del tiempo he entendido que el corazón del mensaje no es el esfuerzo humano, sino la gracia divina. Todo lo recibimos. Nada lo compramos. Nada lo merecemos.
¿Qué tipo de preguntas pretende responder la Biblia?1
La Biblia es, ante todo, una historia en la que Dios muestra su gloria a través de la creación y la redención de la humanidad. Tiene sentido, pues, que la Biblia esté concebida para responder a preguntas relacionadas con este tema central.
Hemos visto que si pasamos por alto el mensaje central de la historia de la Biblia produciremos evangelios e iglesias falsas. La segunda cosa que necesitamos es un marco de referencia para comprender toda la Biblia. La teología bíblica provee dicho marco porque guía nuestra lectura de la Biblia protegiéndonos de interpretarla erróneamente.1
Teología bíblica es una forma de leer toda la historia bíblica ayudándonos a poner nuestra atención en el tema central de las Escrituras, el Señor Jesucristo. En otras palabras, la teología bíblica es el mapa bíblico del camino que nos lleva a Jesús.
Es posible leer una historia, encontrarla interesante y, aun así, perderte por completo su mensaje central. Por ejemplo, podrías poner una atención desmedida en el escenario o en los personajes secundarios. Podrías leer solamente párrafos aislados o saltar sin rumbo de un lugar a otro. Incluso podrías tratar de confeccionar la trama de la historia o su moraleja desde diversas secciones desconectadas. Pero si haces algo así, lo más probable es que malinterpretes la historia, la figura del héroe y los temas principales.1
Un Dios que habla
Imagine un mundo en el que Dios guarda silencio y las grandes preguntas de la vida quedan sin respuesta…1
¿Por qué estamos aquí? ¿Hay algún diseño o significado para este mundo? ¿Tiene mi vida un propósito? ¿Cómo puedo entender un mundo lleno de tanta belleza y al mismo tiempo de tanto horror? ¿Cómo puedo empezar a lidiar con la culpa y la vergüenza de mis fracasos y relaciones rotas? ¿Cómo navego por fuerzas espirituales invisibles para que la vida me vaya bien? Cuando me pasa algo bueno ¿a quién le doy las gracias? Cuando realmente necesito un cambio de fortuna o la liberación de mis problemas, ¿a quién rezo? ¿Qué pasará cuando muera? ¿Hay alguna esperanza para mí después de que mi vida no sea más que un recuerdo lejano??
Creo que no necesito señalar la necesidad de leer las Escrituras.1 Ya sabemos cuán necesario es alimentarnos de la Palabra de Dios. ¿Necesito preguntarte si lees la Biblia o no? Nos encontramos en una época en la cual se leen muchas revistas y periódicos, pero no la Biblia, como debiera ser. Antiguamente en Inglaterra se tenían pocos libros, pero la gente tenía una biblioteca en un solo libro: la Biblia. ¡Y hay que ver cómo lo leían!
Llegó entonces a Éfeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente y poderoso en las Escrituras… (Hechos 18:24–26)
Apolos era un hombre brillante. Conocía las Escrituras, hablaba con pasión y enseñaba con convicción. Sin embargo, su conocimiento no estaba completo: entendía solo el bautismo de Juan. Había sinceridad, pero también limitación. Fue entonces cuando Priscila y Aquila lo tomaron aparte y le explicaron con mayor precisión el camino de Dios.
No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Filipenses 4:11
Vivimos en un mundo de descontento e insatisfacción. En gran parte, esto se debe a la no satisfacción de las necesidades y a las situaciones que nos resultan incomodas.